Un colibrí en el espacio sideral
- María Guadalupe Ortega

- 24 abr
- 1 Min. de lectura
¡Colibrí, colibrí! ¿Dónde es que te escondes?
En medio de tantas flores, colibrí de mil colores.
Eres tan pequeño, que a veces no puedo verte
Pero tan rápido, que a veces resultas envolvente.
Pones de manifiesto, el poder de la creación en tus alas,
Tan rápidas, tan inciertas, tan veloces y dispersas.
Sales a la luz, una vez que pasa la tormenta,
Mostrando tu agilidad, en el balanceo
y tus ansias de volar.
Emerges de la nada y me vienes a visitar.
Bailas por aquí y otro ratito por allá,
Inundando en tu pasar, una atmósfera de completa posibilidad.
¡Colibri, colibrí!, tú que vibras sin parar y aun así, te detienes a contemplar,
la grandeza de cada mañana, en cada nuevo despertar.
Avanzas y retrocedes, como sólo tú puedes volar.
¡Vuela, vuela alto!, sin detenerte a pensar,
cómo es que logras, desde tu pequeño y rápido aleteo,
mover las líneas del tiempo, disfrutando tu máximo apogeo.
Demuestras tanta facilidad, que se hace muy fácil descifrar,
la mano de un diseño perfecto, que se oculta detrás de tu antifaz.
Cómo no creerte, como no disfrutar de una espera silenciosa, disfrutando cada momento y descubriendo tu habilidad.
¡Colibrí, colibrí! ya no huyas más, o…¿ es que acaso perteneces al espacio sideral?
Vuelas por aquí y vuelas por allá, entre tiempos y des tiempos, te haces visible al pasar.
¡Colibrí, colibrí! Agita tus alas y vuela más alto, hasta el espacio sideral.
Pregúntales a las estrellas sobre lo trascendental, lo humano y lo banal.
¡Colibrí, colibrí!, ya no vuelvas a dudar, mueve bien tus alas, emprende tu viaje y atrévete a soñar.



