top of page

Metáfora:-El árbol encontró sentido aprendiendo a observar-

  • Foto del escritor: María Guadalupe Ortega
    María Guadalupe Ortega
  • 13 oct 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 5 ene

Caminé por mucho tiempo, sobre la misma línea, absteniéndome de mirar el abismo que había entre la existencia misma y el complejo arte de observar. Toma tiempo pero se debe perseverar, hasta que un día, después de tanto suspirar, la vida te hace hincapié sobre la importancia de observar.


Cada árbol que se mantiene en pie, no es por casualidad, hay ciencia detrás, más allá de la habilidad. Hay poder, incluso en la oscuridad y hay sombras, sostenidas en su ramal.


Así fue la historia del árbol, cansado de tanta tempestad, hasta que un buen día, los vientos se detuvieron a dialogar: ¿Qué ves? Preguntaron los vientos al árbol de Ceiba, en medio de un nuevo invierno torrencial. -Nada, sólo aguas correr, que mueven mis ramas sin cesar-.


¿Y por qué ves solo agua correr, si yo veo un poco más?

-No lo sé, contestó el árbol de Ceiba, no me hagas pensar-.

¡Detente entonces! Haz una pausa y deja de mirar, porque ha llegado el momento de que te enseñe a observar.


Al cabo de un rato y después de una larga conversación, el turbulento viento, vuelve a consultar:

¿Qué ves ahora, árbol de Ceiba? Recuerda, tómate un momento para que observes con detenimiento. Y sorpresivamente, después de unos instantes, al árbol de Ceiba le cambió su semblante.


-Ahora veo un hermoso río, que se desplaza con fuerza y tenacidad, recorre mi melena y llega hasta las raíces para nutrir todos los sueños que se conectan en una misma superficie, donde convergen todos, desde los más adiestrados pensadores, hasta los que pensaríamos que son pequeños, como los de las aves y las codornices. Cada uno se entrelazan a lo interno de mis raíces, nutridos y reverdeciendo siempre al final de cada estación, para dar paso a cada nueva transición.


Fue así como desde aquel entonces, el árbol de Ceiba aprendió a disfrutar de los inviernos tormentosos y los veranos calurosos. Desde ese día los vientos se convirtieron en sus mejores maestros, enseñándole a observar no sólo con detenimiento, sino también; entrenándole en el arte del observador con discernimiento.

¡No te quedes atrás!

    Sé parte de una comunidad que aprende, crece y se transforma. Envía tus datos desde el formulario o escribe al correo:
    info@palabrasconproposito.com

    © 2025 María Guadalupe Ortega. Creado por GonDi.solutions

    bottom of page