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“El arte del equilibrio: lecciones de un Jardín Japonés”.

  • Foto del escritor: María Guadalupe Ortega
    María Guadalupe Ortega
  • 24 abr
  • 3 Min. de lectura

Colores vibrantes y tenues cohabitan en medio de la solidez de las rocas y la ligereza del agua, redefiniendo los espacios entre caminos curvilíneos que llevan a todas partes y en ocasiones a ningún lugar, como todo en la vida. Elementos llenos de simbolismos se unen en una misma danza al compás de la lluvia, que irrumpe sorpresivamente para deleitarles con una hermosa sinfonía, desde las tenues teclas que se difuminan en la tranquilidad del agua del estanque.

Todo inicia con un leve golpeteo, una gota de lluvia improvisa, luego se unen dos ó tres, antes de deslizarse todas al mismo son hasta que súbitamente, inundan por completo el paisaje perfecto que yace en medio de la imperfección de un jardín japonés en pleno aguacero; soportando con gracia las inclemencias del clima, pero sin perder la esencia de su belleza, silenciosa y reflexiva; que se mantiene intacta, siendo el eje central de la existencia misma.

Presente y sereno se mantiene el jardín, curioso de qué tan abundante será la lluvia que caerá esta vez sobre sus hojas multicolor y que irrumpen sorpresivamente, la quietud del silencio. Es aquí donde se prepara para mostrarnos su respuesta ante los desafíos, su lucha pacífica, sin oposición ni resistencia, enseñándonos el arte de habitar desde la presencia misma, desde la inacción, sólo contemplando cómo cada golpeteo de lluvia, a veces se torna más débil y otras veces más fuerte, pero sin reaccionar, sereno y contemplativo, volcado a escuchar con atención las notas que se escriben en las teclas del agua del estanque, similares a la melodía de un piano que inicia lento y avanza luego con rapidez; transitando entre el afán del diario vivir y  la quietud del ser y estar presente.

En esta dinámica, ningún detalle escapa o altera la quietud de la presencia que habita el jardín, donde lo débil, cohabita con lo fuerte, donde lo duro, áspero e inflexible de la roca, coexiste con la flexibilidad del bambú, que se inclina a observar la caída de los pétalos del cerezo que eligen desprenderse ante la rudeza del aguacero, cediendo con tanta firmeza y determinación, para fusionarse en el paisaje y así escuchar más de cerca la musicalidad del agua torrencial que cae a la tierra,  presenciando de primera mano, la fusión entre el silencio del paisaje y el bullicio de la sinfonía.

 Con tal maestría el jardín japonés nos enseña sus más sofisticadas estrategias de preservación y equilibrio, en medio de árboles frondosos y pétalos caídos que abrazan la belleza de los opuestos, entre la acción y la inacción, entre la resistencia y la humildad del desapego, entre la rudeza y la sobriedad de la experiencia. 

 

No compite con la rudeza del aguacero, solo se fusiona entregándose libremente a la experiencia, logrando así un balance perfecto del paisaje, ya no desde la separación, sino desde un auténtico propósito y sentido de unidad, de un todo unificado que resguarda su  esencia en la quietud, tomando consciencia de cómo las interacciones entre lo frío y ruidoso del agua, a su vez se nutren de la calidez de sus paisajes multicolores y recíprocamente, los paisajes se nutren del frío del agua que se desliza con rapidez para luego, hacer reverdecer con más fuerza el jardín, dando paso a una danza continua que armoniza dos mundos que coexisten en simultáneo y se debaten entre lo efímero, transitorio y  lo permanente y trascendente de la experiencia.  

Es así como la vida se expresa, en la contemplación de cada jardín japonés, único e irrepetible en esencia, que se manifiesta en el todo unificado de la experiencia misma, invitándonos a  contemplar sus matices desde la inacción, inacción  que a su vez nos conduce por el camino de la acción del estar presente, en el aquí y el ahora, contemplando el afán, como ese aguacero que irrumpe sorpresivamente de vez en cuando, para ser escuchado sin alterar la tranquilidad del paisaje que permanece en perfecto equilibrio.

¡No te quedes atrás!

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