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Resignificar desde la escritura

  • Foto del escritor: María Guadalupe Ortega
    María Guadalupe Ortega
  • 5 ene
  • 5 Min. de lectura

Escribir y fabricar historias estuvo en mi ADN desde muy pequeña, pero hoy, desde otra mirada y como recurso terapéutico, integrador y reparador, que nos permite identificarnos con las historias que resuenan en diferentes espacios, la técnica del “contar historias” se suma a los muchos recursos que facilitan posibilidades de transformación, desde experiencias comunes pero con aprendizajes potentes,  con mensajes que cobran sentido cuando se comparten, ya que nos permiten mejorar no sólo en lo individual, sino en el colectivo, donde realmente agregamos valor y crecemos juntos.

En la era de las posibilidades infinitas, te invito a tomar un espacio de reflexión y proclamarte un día en agenda para pensar y escribir sobre las cosas que normalmente No solemos agradecer, pero que han marcado nuestras vidas y forman parte de nuestra experiencia completa, dejando así, de lado, en las profundidades; la suma de todas las experiencias reales y humanas que nos unen y potencian como personas, esas que no contamos o reservamos para espacios más íntimos, los No dichos: fracasos, errores, lecciones aprendidas.

Desde la humildad más plena en el hoy, con un sentido de responsabilidad y siendo fiel a las señales del universo que nos inspiran a seguir, tomar riesgos y lanzarnos al vacío de las probabilidades infinitas, decidí compartir éstas ideas, en un día que declaré hace algún tiempo para los No agradecimientos, como ventana de búsqueda de sentido y propósito a todo aquello por lo que “normalmente” No agradecemos, pero que forman parte de las experiencias, que van moldeando los espacios donde convergen dones y talentos, en un mar de capacidades infinitas esperando por ser explorados.  

Pensemos por un momento que nos trasladamos a un mundo simulado de “perfecciones” imperfectas, realidades alteradas y ambigüedades en 3D, donde valdrá la pena hacer ZOOM a esos hechos de nuestras vidas, que NO solemos agradecer y sacamos del “mapa” por considerarlas dolorosas o muy personales, distrayéndonos así de nuestro potencial verdadero, el llamado real a “Ser”, desde las vivencias únicas que suman, humanizan y transforman vidas cuando se comparten.  

Es en ese punto de quiebre, del no retorno,  donde podemos conciliar y reencontrarnos con un mundo de posibilidades alternas, donde podemos revertir condicionamientos, traumas, patrones o creencias limitantes no sanadas, que aparecen en nuestras vidas con distintas formas, pero una raíz en común: Creencias “Limitantes”  “auto saboteadores” y muchos otros procesos más desplegados por un inconsciente, que llama a ser reconocido y cuando no atendemos el llamado,  nos aleja del potencial de talento, que habita  en cada uno de nosotros.

Las tendencias de conexión, integración y generar comunidad, nos conectan con una idea global que cada vez toma más fuerza en el mundo de las organizaciones responsables, sobre la responsabilidad social compartida por la mayoría, de hacer del mundo un lugar mejor entre todos y contribuir en el diseño de un futuro prometedor y esperanzador, abriendo brecha hacia el progreso como sociedad, con un enfoque de crecimiento que se refleja tanto en el desempeño personal que toma fuerza desde el colectivo.

Es en ese punto de reconocimiento, donde nos abrimos a la posibilidad de resignificar las experiencias duras o dolorosas compartidas por todos en distintos escenarios de nuestras vidas, esas por las que no solemos agradecer, pero merecen ser reparadas y sanadas desde una lógica integrativa de cambio donde, si sanamos todos, nos expandimos juntos y evolucionamos desde la colectividad.

 Desde una intensión, optimista y sincera, idealista si se quiere,  donde por unos minutos tenemos el poder de colapsar por un momento la materia y acceder a una realidad alterna, donde sea posible agradecer por todo lo que se supone no se “debería” agradecer,  capítulos de infancia, etapas no cerradas que luego toman formas y figuras distintas, desde una consciencia de No unidad que necesidad ser expresada y trabajada, es ahí, desde ese lugar no confortable, el que nos lleva  a reencontrarnos con el significado de unidad e integración, donde todos formamos parte de una única canción perfecta, entonada por un Universo perfecto, en diferentes notas; cada una, única e irrepetible para conformar entre todos, finalmente la melodía perfecta.

En ese universo creado de infinitas posibilidades y un mundo que cada vez más aspira a la conexión e integración de las “experiencias” en sus procesos de aprendizaje, me animo a compartir ésta idea general, que nos entrene en la práctica de Agradecer por todo lo “bueno”, (la cual en todo caso será relativo, según el ángulo del que se mire) pero integrar también lo no “tan bueno” agradecer aquellas otras experiencias que han marcado en nosotros un camino, una ruta de aprendizaje personal de gran valor al transitar las turbulencias de la vida, con una disposición de apertura y aprendizaje en todo momento.

 Con la convicción de poder sumar a la consciencia colectiva compartida por todos, donde ocurren los aprendizajes más significativos y reales destinados a reencontrarse en algún camino, en algún lugar de intersección, en algún tiempo perfecto y con un propósito de expandir nuestra consciencia, a un sentido de mayor plenitud desde la unidad,  aprendiendo cada día y descubriendo en el camino nuevas formas del “saber” y del “hacer”, logramos identificar todos los condicionamientos, creencias limitantes, autosabotajes y demás procesos inconscientes, que luego se materializan en situaciones que nos impiden crecer. 

Y bueno, tantos escenarios afloraron de situaciones difíciles que NO incluimos en nuestras prácticas de agradecimiento, pero merecen reconfigurarse desde el presente, desde otra visión más integrativa del aprendizaje, con el propósito de transformar, reparar y conectarlas con otras historias y así entre todos, tejer las experiencias de  crecimiento que nos fortalece; así desde una inquietud personal,  me permití re elaborar ésta idea, de forma más visual, pensando en algún mundo lejano al nuestro, un espacio ficticio, de “perfecciones”  imperfectas, poses, “filtros” y contrastes; que al final no son más que herramientas o disparadores que nos  llevan a descubrir por experiencia propia, que el verdadero potencial, no se encuentra en la superficie sino “buceando” en las profundidades de la experiencia completa, capitalizando los aprendizajes, tomamos consciencia que todo sucede como debe de ser, ni más ni menos, elevándonos al propósito verdadero de éste viaje compartido. acercándonos a nuestra mejor versión, a través de todos esos espejos de realidades y conexiones aparentemente difusas.

Desde ese espacio ficticio recreado, donde se “normaliza” el agradece por todo, por lo bueno que nos sucede, pero también por los retos, desafíos, errores, fracasos, turbulencias y demás obstáculos, toda la experiencia se integra invitándonos a ser la mejor versión de nosotros mismos y resignificando las experiencias. Al final del camino todo se integrará nuevamente en una misma canción, revelándonos que estuvimos en éste gran simulador de aprendizaje, llamado VIDA para creer y crecer, aprendiendo a transformar el mundo desde ahí, desde el lugar donde cada uno puede aportar a otros y darles un nuevo sentido a las experiencias y a lo vivido.  Avanzar por ese camino de luces y sombras, contrastes y matices con la disposición de aprender y agradecer por todo nos lleva a explorar un universo de nuevas posibilidades, donde será siempre un buen lugar al cuál llegar y con nuevos tesoros por descubrir.

¡No te quedes atrás!

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