Cuento Corto: Las Marionetas y el titiritero
- María Guadalupe Ortega

- 5 ene
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Y aconteció como era de costumbre, en aquel sombrío cuarto de utilería, repleto de Tiliches y Marionetas, en una esquina olvidada, posaba sobre una silla, frente a la ventana que daba al escenario del teatro; una Marioneta que yacía en el olvido desde hacía mucho tiempo y el polvoriento espacio, había tomado el control de su guion.
En cada función, mientras observaba la magia del Titiritero y cómo cada Marioneta cobraba vida y brillo con las luces del escenario, exclamaba desde el rincón donde la habían puesto:
-Ahhh- Hasta cuando estaré aquí… Cuando saldré a escena, susurraba; mientras sus escuálidas extremidades, resbalaban del asiento donde posaba, escurridas como un espagueti.
Todas las Marionetas observaban con cautela, pensando en cual sería el destino que le esperaría en aquel Teatro y algunas, las más animadas, le decían: -Vamos, esfuérzate, muévete de lugar para que cuando entre el Titiritero, pueda verte.
Otras, opinaban también: -Si estuvieras más visible te verían y tendrías tu turno al igual que nosotras- decían las del estante de al lado, mientras que, a su izquierda, le susurraban las otras más expertas y con más salidas a escena:
-No te achicopales amigo- recuerda que al final, sólo somos eso, Marionetas al mando del Titiritero que controla nuestros hilos y cuando termina la función, volvemos a nuestro lugar, así que de nada te pierdes.
Aquella Marioneta, cansada de escuchar las voces, seguía en silencio, pero con la mirada fija en el escenario, sin perderse de vista ningún detalle ni puesta en escena, al fin y al cabo, sería un día más, una noche más, un año más en ese lugar. -Seguiré esperando pacientemente, murmuraba, algún día llegará mi turno… finalizaba con voz pausada, pero con la convicción que detrás de esa espera, algún propósito habría.
-¡Jajaja!- Cuánto tiempo más seguirás en esa órbita, soñando despierta mientras que cada año, te desdibujas y el polvo ya no te permite ni respirar… el Titiritero te dejó en ese oscuro rincón, porque sabe que somos mejores que tú, por eso nunca te saca a escena, siente vergüenza de ti y de tu rareza, resígnate y ocupa ese lugar donde te pusieron y….
-¡Silencio!!- Exclamó a lo lejos la Marioneta más antigua del lugar. -Qué no saben la leyenda de la Marioneta especial que oculta el Titiritero en algún lugar desconocido…
-0hhhhh- exclamaron al mismo son… ¡todas las Marionetas atónitas! Moviendo su cabeza de un lado a otro, mientras sus pupilas se dilataban y chispeaban de curiosidad por saber más.
-Y así, la Marioneta más vieja del lugar, prosiguió:-yo he estado en este teatro toda mi vida y las Marionetas anteriores, las que ustedes reemplazaron, murmuraban sobre la existencia de una Marioneta muy muy, muyyyy rara… en ese entonces, yo era un muy joven y no comprendía, pero escuchaba la leyenda de sus “poderes especiales”, porque había sido labrada con otro tipo de madera distinto al de la mayoría y traída de otro lugar desconocido...algunos decían que, del espacio exterior y otros decían que, del inframundo, por eso la leyenda era muy escalofriante y acordamos nunca más hablar del asunto.
- ¿Una Marioneta distinta a nosotras? ¿con un tipo de madera especial? Bla bla bla!! Pura paja de Marionetas locas y desgastadas ¡sin oficio ni beneficio! -decía la más quisquillosa de todas. -Todas somos Marionetas, todas iguales, de la misma madera y aunque por fuera nos veamos distintas, en el fondo somos lo mismo, simples Marionetas que usa el Titiritero en cada función, no hay nada especial en ninguna, todo lo hace el Titiritero. Nosotras solo seguimos el guion y él se encarga de darle sentido y magia a cada una, pero por nuestra cuenta, todas somos iguales, ninguna es, ni será especial- Replicó con enojo-
-De pronto un fuerte zumbido de la puerta las alertó y todas las Marionetas volvieron a su lugar. Era el Titiritero quien apresuradamente prendió la luz y se dirigió a la esquina de aquella Marioneta olvidada, polvorienta y, con una gran sonrisa en sus labios exclamó: -¡Finalmente! ha llegado tu tiempo de tomar el timón y salir a escena.
Y tomándole de la mano, la enderezó, le sacudió el polvo y todos los objetos que por tanto tiempo le habían tirado las Marionetas, le quitó los hilos que le sostenían y caían a su alrededor, mientras animándola le decía: ¡Vamos! finalmente - ¡es tu turno!.
-Al escuchar aquello, todas las demás Marionetas quedaron atónitas al ver lo que acontecía en el lugar. Aquel Titiritero se sentó en la silla y tomó el lugar de la Marioneta, quien ahora reluciente, cobró vida, vida real convirtiéndose en el creador que daría vida a las demás marionetas con nuevas historias, en cada salida a escena.
Entonces, la Marioneta se levantó, se puso los zapatos de su Mentor y colocó sus hilos al Titiritero, quien gustosamente ocupó la silla que, por muchísimo tiempo, había ocupado la Marioneta frente a la ventana que daba al escenario del teatro, quedando expectante de la función que estaría a punto de iniciar.
-Al ver aquello, todas las Marionetas entraron en pánico, temblando de cuál sería el destino que les depararía, mientras boquiabiertas observaban como la piel del Titiritero se desvanecía tomando la forma de esa madera rara, distinta, la misma que tenía la Marioneta olvidada que había estado rezagada por tanto tiempo en aquel rincón.
Mientras tanto, el semblante del Titiritero, próximo a convertirse en Marioneta, reflejaba tanta satisfacción, como el de alguien que sabía con exactitud, el tiempo perfecto y el proceso destinado para aquella olvidada Marioneta y su salida a escena. ¿Y cómo terminó la historia? Preguntaban con mucho entusiasmo las nuevas Marionetas que ocupan hoy el lugar del antiguo teatro...
Bueno, finalmente, aquella Marioneta olvidada, encarnó como Titiritero y tomó varias Marionetas de distintos estantes, como quien conoce a la perfección el guion que debe seguir para dar continuidad al trabajo de su Mentor, las preparó y antes de cruzar la puerta para salir a escena, exclamó con mucho gozo: ¡que comience la función! y con gran alegría, todas salieron al escenario a reescribir sus nuevas hazañas y nuevas historias, que despertarían la imaginación y creatividad de sus entusiastas observantes.



