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Cuento corto-La bailarina que debutaba cuando nadie la miraba-

  • Foto del escritor: María Guadalupe Ortega
    María Guadalupe Ortega
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Bailaba en medio de la nada, en su pleno despertar.

Giraba como torbellino, en un pie y a medio giro,

Escuchando la canción que le purgaban, las penas y el dolor.


En medio de la nada bailaba, y mientras respiraba, su espíritu revoloteaba.

Ésa era la bailarina y aunque bailar no era su disciplina, entre uno y otro giro,

esparcía su alegría, en medio del espiral de la vida.   


Lo hacía sin mucho esmero, unas gotas de pasión al arte, recorrían su cuerpo dirigiéndole por todas partes. Ella sin saber, aprendió a bailar para olvidarse de la adversidad de aquellos días, desde antes de nacer, sus ciclos en otras vidas y tambien para evadir la monotonìa.

No lo pidió, pero el destino así se lo exigió, sobreviviría, pues bailar era su pasión, el sonido de la música en ebullición, corría por sus venas, una fuerza que iluminaba su dolor, y transformaba todas sus penas.


Su cuerpo sabía cómo cargar el dolor de las pérdidas, del rechazo y del desencuentro.

Y al bailar en medio del torbellino del tormento, transformaba todo a su paso, vibrando con la vida y la misma fuerza, que la sostenía, donde nada le dolía.


De la bailarina que bailaba sin tener la disciplina, aprendió a soñar para olvidarse de las penas que le depararía la vida, penas de las buenas, de esas que rellenan, los agujeros y las goteras.

Y así, en medio despertar, recordaba como aprendió a bailar con el destino, en medio de la nada, sobreviviendo a cada torbellino. Sin afán, siguiendo el don y la nota musical, ella sólo giraba, trasmutando el viento, el silencio y también el reencuentro.

Un reencuentro con su alma, al tempo y pisoteando todo argumento que su mente quisiera traerle en ese momento.  


En cada vuelta y en cada giro, mientras la bailarina soñaba, su cuerpo dirigía, cada paso al ritmo de la melancolía, recordando el secreto de vivir la vida con alegría.

Una alegría que también compartía cada vez que sonreía, permitiéndole respirar con aplomo y algunas veces…con alevosía.


Ese era el secreto de la bailarina, bailar a un solo son, al ritmo de la vida.

De vez en cuando se sumergía, en aguas profundas y muy cristalinas

Para bailar con el agua y con las olas que la perseguían.

Olas de encantos profundos, llenos de pensamientos

Bailando al ritmo del mar o incluso del viento.

Todo dependería de cual sería el acontecimiento

que le haría bailar, desde lo profundo y mar adentro,

y algunas otras veces, desde el sentimiento.


Tal vez la mayoría no le comprendería, porque su baile, iba más allá del sufrimiento.  

¿Quién lo atravesaría? Solo ella, que se atrevió a retar la vida.

Desde antes de nacer, fue marcada de alegría, y aunque pocos la entendían,

ella bailaba todo el día. Recordando como su cuerpo al ritmo del plié,

silenciaba el lamento, que cada célula registró desde antes de su nacimiento.

Aquella bailarina comprendió que el secreto de su disciplina,

venía de una fuerza invisible. Que la sostenía. 

Baila conmigo, mi fiel torbellino, bailemos en medio de la oscuridad,

para que cuando pase el tormento, podamos avanzar, recordando

los sueños y los anhelos, que se esconden en cada sincronicidad.


-¡Que nadie nos mire, que nadie respire!-

Bailemos con el espejo, que refleja tanto lo nuevo como lo viejo.  

Todo vibra, en medio de la tormenta y en medio de la calma, como las notas que se integran en un perfecto armónico, trayendo reposo al alma.  


Aprendamos a bailar como la bailarina, aquella que nadie mira.

Ella aprendió a bailar con la vida, en medio del gozo y también de los torbellinos.

No espera ser perfecta ni tampoco incorrecta. Su sombra y su dualidad, ella aprendió a integrar. No se doblega, tampoco se rinde, por eso se distingue.


No como bailarina de Valls ni tampoco de algún ritmo con un son especial,

Ella es bailarina de la vida conociendo su dualidad, blanco y negro pueden ser antagónicos, pero a la vez, actúan como recordatorios, de nuestra limitada humanidad y la excelencia que se esconde en cada nuevo despertar.  

¡No te quedes atrás!

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